Translate

viernes, 16 de enero de 2015

La Trilogía Excalibur 1: La Dama del Lago Capítulo 2: El muchacho y la espada

CAPÍTULO 2: El muchacho y la espada

Al principio no había nada. Nadie sabe cuál fue su origen mas se puede comprobar que ocurrió. Una fuerza sobrehumana y malvada despertó. Tan oscura era que desde los tiempos de la antigua Grecia la llamaban Caos. Este tuvo dos descendientes que también eran fuerzas pero tenían el poder de manifestarse. Una era Nix, la fuerza de la noche, y su hermano menor Érebo, la fuerza de la pureza. La fuerza femenina parecía tenebrosa y temible pues aparentaba una mujer de luto cuando se crearon los planetas. Siempre andaba descalza y llevaba un velo que no dejaba ver ni el brillo de sus ojos negros. Érebo era más simbólico pues se mostraba en los gestos de verdadera pureza. Ambos tuvieron a cinco maravillosos hijos, las últimas fuerzas existentes y las más poderosas. Eran: Eros, la fuerza del amor a primera vista; Éter, la fuerza del aire; Gea, la fuerza de los planetas; Hemera, la fuerza de la luz y Tártaro, la fuerza del submundo. Podrían aparentar un final feliz pero desgraciadamente no lo era. Caos, el ser más maquiavélico que existe, torturaba a su familia hasta la locura. Le gustaba romper la fina soga de lo estable y convertir al universo en inestable. Pero una guerra comenzó pues Gea se vio con suficiente poder como para formar un hogar propio. Su casa y descubrió que era la fuerza de los planetas. En su interior, todos se convirtieron en personas y agradecieron a Gea toda la creación que había hecho pues era lo más hermoso que jamás habían visto. Caos fue expulsado de los territorios de su familia y decidió idear un plan que en un futuro muy lejano haría que todo lo que vemos a nuestro alrededor esté ahí. La fuerza del desorden divino creó a su último y definitivo hijo y se llamaba Urano, el creador del universo. El plan de Caos se cumplía tal y como él quería. Urano tenía que fingir estar enamorado de Gea, sin embargo, se enamoró de verdad. Traicionó a Caos hasta que este decidió matarle. Una nueva guerra comenzó mas era imposible que ganaran pues la oscuridad es demasiado grande para todos nosotros pero siempre hay que intentar menguar su tamaño e intentar derrotarla poco a poco. No se sabe cuánto era el tiempo que Caos pasó escondido de su familia al descubrir que juntos tenían más poder que él, ya que no existía el tiempo, pero lo suficiente como para crear la maldición más poderosa que jamás había existido. Juntos podían hasta esclavizarlo pero podía evitar que estuviesen unidos. Conjuró una maldición oscura que rompería los lazos de su familia eternamente. Consistía en que al menos un miembro de su familia de cada generación heredaría su magia sobre la discordia y el desorden. Millones de años más tarde, se descubrió que fueron Urano y su hijo Tártaro los dos primeros herederos de la magia de Caos.
Cuando consiguieron desterrar a Caos definitivamente, vivieron en un próspero tiempo. Hasta que Gea tuvo a sus hijos, los primeros seres en no poder convertirse en fuerzas. Se llamaban titanes y sus nombres eran: Ceo, titán de la inteligencia; Crono, titán del tiempo; Crío, titán sin poder; Febe, titánide sin ningún poder; Hiperión, titán del sol; Jápeto, titán sin poderes; Mnemósine, titánide de la memoria; Océano, titán de los océanos; Rea, titánide de la naturaleza; Tea, titánide de la vista; Temis, titánide de las leyes y Tetis, titánide de los ríos y lagos. Urano mantenía a sus ocho primeros hijos impecables mas al resto les trataba como escoria ya que eran “diferentes”. Hecatónquiros, cíclopes, musas, erinias, gigantes y melíades. Esas eran los tipos de criaturas que habían nacido del vientre de Gea y que Urano despreciaba, lo que hacían que sus hijos despreciasen a su padre aún más. Los hecatónquiros eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas y eran tres: Arges, Brontes y Estéropes. Estos vivían en reino de Tártaro. Los cíclopes eran seres gigantes con un solo ojo que se dedicaban a la artesanía y se denominaban: Coto, Briareo y Giges. Las musas se dedicaban a darle placeres a su padre, a ser esclavas. Eran tan hermosas como su madre y tenían el diferentes poderes. Sus nombres eran: Aedea, musa de la ejecución de la obra artística; Meletea, musa de la imaginación; Mnemea, musa de la creación; Calíope, musa de la elocuencia y la poesía; Clío, musa de la historia; Erato, musa de la poesía lírica-amorosa; Euterpe, musa de los instrumentos musicales; Melpómene, musa de la tragedia; Polimnia, musa de la voz; Talía, musa de la comedia y de la poesía bucólica; Terpsícore, musa de la danza y la poesía coral y Urania, musa de la astronomía, poesía didáctica y las ciencias exactas.  Los tres últimos hijos eran las erinias, los gigantes y las melíades. Las erinias eran las furias, que se cambiaron el nombre, y que actualmente trabajan para Hades, el dios de los muertos, ya que este les liberó de las cadenas de Urano. Se llamaban: Alecto, la que castiga a los delitos morales; Megera, la que castiga los delitos de infidelidad y Tisífone, la que castiga los delitos de sangre. Los gigantes eran: Agrio, Alcioneo, Alpo, Clitio, Ctonio, Damasén, Efialtes, Encélado, Éurito, Gratión, Hipólito, Mimas, Palas, Peloro, Polibotes, Porfirión, Tifón y Toante. Las melíades eran también tres pero se desconocen mucho sobre estos seres. Solo se conocen que son hijas de Gea y Urano y que lucharon en una batalla que cambió el universo del rey Arturo. 
Cuando los hijos de Gea y Urano crecieron y se convirtieron en seres fuertes no dudaron en revelarse ante su padre. Una segunda guerra había comenzado en esa familia y todo por culpa de Caos y su maldición. Hubo una batalla final y el único que quedó en pie de todos los hermanos era Crono, el titán del tiempo que con esfuerzo consiguió acabar con su padre y desterrarlo al reino de Tártaro con su progenitor. En los próximos milenios, se crearon muchas cosas como los idiomas inventados por: Ceo, titán de la inteligencia y Mnemósine, titánide de la memoria. Crono se casó con Rea y cuando esta le dijo que estaba embarazada su felicidad aumentó, pero por poco tiempo. En las profundidades de una cueva se encontró un rollo de pergamino y al abrirlo una luz amarilla le alumbró y unas letras del griego antiguo aparecieron y flotaron a unos centímetros del pergamino.
-Uno de los hijos e hijas del segundo descendiente del universo será coronado con el nuevo rey tras ver por una tercera vez en una tercera generación a la maldición del veneno de Caos. Él no sabrá quién es pues unos nuevos seres están por retornar y él no sabrá que hacer así que desesperado se encontrará-ponía escrito en el pergamino al que denominaron Oráculo.
Crono no se lo podía creer pero, ¿para qué resistirse al destino? Así que el propio padre de la criatura femenina que nació en el vientre de Rea hizo que al bebé se lo trajesen y este, como animal que era, se lo comió creyendo que así moriría. Pero el estómago de Crono no era lo suficientemente poderoso como para matar a la primera diosa. La llamaron Hestia y era la diosa del hogar y la arquitectura. Después nacieron: Deméter, la diosa de la agricultura; Hera, la diosa del matrimonio y la familia; Hades, dios de los muertos y Poseidón, dios de los mares y los terremotos. Rea no podía tener más hijos pues en aquellos tiempos era incontrolable que una mujer se quedase embarazada pero la titánide de la naturaleza tuvo un sexto hijo. Un varón al que le pusieron el nombre de Zeus. Rea no iba a permitir que se lo comiesen a este así que tuvo un embarazo normal como los otros cinco y mandó a sus hijas, las musas, que le sustituyesen por una roca vendada en pañales y se lo diesen a Crono mientras esta le ocultaría en la isla de Creta donde fue criado por la cabra Amaltea y las tres ninfas mellizas llamadas: Adamantea, Cinosura y Melisa. Zeus creció sano y fuerte y cuando finalizó su preparación sobre como vengar a sus hermanos, las ninfas le dieron una ayuda. Era un pequeño frasco que contenía una pócima para que Rea se la sirviese en un caldo a Crono. Y así lo hizo pero el rey titán era demasiado fuerte y poderoso para que un pequeño líquido mágico le lleve hasta la muerte. Vomitó a sus hijos, ya adultos, y se formó una batalla. Gea no podía creer que tras tener a su abuelo Caos encerrado y a su hermano y marido Urano también, dicha familia podía seguir en guerra. Así que proporcionó una serie de armas a los seis hermanos. A Hestia le concedió el poder del fuego ardiente, a Deméter el poder de la naturaleza, a Hera le concedió el poder del aire, a Hades el casco de invisibilidad, a Poseidón el tridente para manejar las aguas de los mares y provocar terremotos y, por último y el más poderoso de todos, a Zeus le regaló el rayo. Juntos, los seis hermanos pudieron acabar con su progenitor. Hestia, Deméter y Zeus se encargaban de distraer a Crono mientras Hera, Hades y Poseidón preparaban la mayor catástrofe mundial. El dios del mar y los terremotos provocó uno tal que dividió el planeta de Gea en dos y Hera y Hades le encarcelaron en el reino de Tártaro. Al quedarse libre el trono del rey de los dioses, ya que Hestia decía que era demasiada responsabilidad, Hades y Zeus se presentaron a una especie de elecciones y el hermano menor fue elegido como rey de los dioses junto con su nueva esposa Hera y no se volvió a ver al dios de los muertos hasta unos cuantos milenios después. Pensaron que la oscuridad del submundo y los muertos del Inframundo le había corrompido el alma pero nunca más volvieron a ver a aquel joven y valiente Hades.
Con el paso del tiempo Zeus tuvo hijos dentro y fuera del matrimonio. Los principales eran los hijos de Hera y este pues son muy conocidos: Afrodita, diosa del amor, la belleza femenina, la lujuria y la sexualidad; Ares, dios de la guerra y el derramamiento de sangre; Enio, diosa de la brutalidad; Hebe, diosa de la juventud; Hefesto, dios del fuego, la forja y el metal; Ilitía, diosa de los partos y Eris, la diosa de la discordia. Con Deméter tuvo a la semi diosa Perséfone y con la titánide Leto a los dioses: Apolo, dios del orden, la belleza masculina, la música y las predicciones y Artemisa, diosa de la caza, la virginidad y los animales salvajes. También tuvo con la titánide de la prudencia a la que llamaban Metis a la diosa de la sabiduría y la estrategia, Atenea y con la hija de Atlas tuvo a Hermes dios de los mensajes, los robos y el comercio. Esos entre muchos otros.
Hera, la diosa del matrimonio y la familia, era una mujer vengativa, rencorosa y protectora de su familia. Demasiado. Cuando ya nacieron todos los descendientes de los dioses y los hijos de dichos descendientes, etc… se estableció un grupo con los doce dioses más importantes y poderosos. Se hacían llamar los olímpicos. Y eran: Zeus, dios del cielo y el rayo; Hera, diosa del matrimonio y la familia; Poseidón, dios de los mares y los terremotos; Dionisio, dios del vino y las fiestas; Apolo, dios de la música, la belleza masculina, la música y las predicciones; Artemisa, diosa de la caza, la virginidad y los animales salvajes; Hermes, dios de los mensajes, el robo y el comercio; Atenea diosa de la sabiduría y la estrategia; Ares, dios de la guerra y el derramamiento de sangre; Afrodita, diosa de la belleza femenina, la lujuria, la sexualidad, el amor y la juventud; Hefesto, dios del fuego, la forja y el metal y Deméter, diosa de la fertilidad y la agricultura. Pero un Hades vengativo formó otro grupo de dioses diferentes. Los olímpicos excluidos se llamaban. Eran: Hades, dios de los muertos; Hestia, diosa del hogar, la cocina y la arquitectura; Asclepio, dios de la medicina y la curación; Eros, dios del amor sexual y la belleza; Hebe, diosa de la juventud; Pan, dios de las estepas, los pastores y los rebaños, Perséfone, semi diosa y Némesis, diosa de la venganza. Ya que la semana se dividía en siete días, cada día se le dedicaba a cada uno de estos dioses cuando eran más poderosos. Los dioses olímpicos y el bando contrario eran iguales de poderosos pero mientras seguían así no podían cambiar el mundo.
Hera necesitaba establecer su familia pues no podía permitir que algún hijo o hija de Zeus la remplazase en el trono de los dioses así que con su magia, tuvo muchos más hijos. Estos no eran dioses ni titanes sino que eran magos, no obstante, solo los dioses pueden vivir en el Monte Olimpo y con la magia de Gea crearon los dieciséis planetas y con ellos a los seres humanos. Fue una prosperidad larga pero falsa pues Apolo no podía ocultar más su secreto. El señor del las predicciones del pergamino Oráculo había descubierto una nueva profecía y ni él ni Hera iban a dejar que su familia se hundiese por cuarta vez en la maldición de Caos. Desgraciadamente no pudieron guardar el secreto mucho tiempo.
En el planeta de Fóstadi, en los lindes del Bosque Sagrado, en el nuevo reino llamado Epix una ninfa iba caminando entre los árboles. El reino de Epix era muy diferente al de la actualidad pues el Olimpo Terrestre era mucho más bonito y más joven y no había ningún rincón de oscuridad en el bosque sagrado. Fóstadi era el tercer planeta más cercano al sol y en él vivían el séptimo hermano Merlín, el octavo hermano Marlín y la novena hermana Morgana.
La ninfa, Atalanta, no era la única que estaba en el Bosque Sagrado. Marlín no había observado criatura femenina tan hermosa.
-¿Quién sois vos?-Preguntó Marlín-. Nunca mis ojos habían visto tan bello rostro y mi memoria se hubiese acordado de tan hermosas curvas.
-¿Y vos quién sois? Una señorita no debería hablar con desconocidos. Aunque sean desconocidos tan sinceros y de hermoso parecer.
-Oh, perdonadme. Mi nombre es Marlín del reino de Epix hijo hechicero del dios Zeus del Monte Olimpo-dijo Marlín dando una reverencia.
-Atalanta de Bosque de los montes Pindo. Ninfa de la naturaleza e hija del poeta Eurípides.
Marlín le besó la mano.
-¡Hija de un poeta! Tengo entendido que vuestro padre es uno de los tres grandes poetas trágicos junto con Esquilo y Sófocles.
-Información cierta mas a veces me hubiese gustado cambiar de padre.
-Decir las palabras que ha salido de vuestra boca es acto de valentía pues no son propias de una dama como vos. Y no os preocupéis, eso me agrada y bastante. Si me tengo que casar algún día me gustaría que fuese con una mujer que tenga antes sus ideologías que a sus modales falsos.
Atalanta estuvo dispuesta a irse y anduvo unos pasos.
-¿Os marcháis ya?
-Yo no poseo modales falsos, mi buen hombre.
-Si os ha molestado… os ruego que aceptéis mi perdón.
-Soy una ninfa de la naturaleza. Ambos con el don de la inmortalidad más mi señora, Artemisa, no dudará en quitármela si pierdo mi… pureza con alguien como vos.
-¿Cuándo queréis decir “alguien como vos” queréis decir “alguien hijo de Zeus”?
-Exacto. No debemos tener problemas con los dioses y menos si forman parte de los olímpicos.
-Os propongo un trato. Venid a verme  esta noche. Haceos pasad por una vendedora de trigo. Entrad en el castillo y os estaré esperando en las cocinas.
-De acuerdo, querido. Pero, ¿y si no funciona?
-Se que nos conocemos desde hace unos minutos pero siento que ya fuimos amantes en la otra vida.
-Guardad vuestros cumplidos para esta noche, amor mío.
Y riéndose, Atalanta corre tras los árboles y se pierde de vista.
Esa noche, la ninfa y el mago terminaron de conocerse cuando en Delfos, el reino de Apolo, una nueva predicción se estaba formando.
-El primer nieto hechicero del rayo nacerá en un mundo con abundantes tinieblas. Causará la desolación y la muerte pero también la protección y la buena suerte. Aquel que posea la espada acabará con la bruja malvada mas el precio habrá que pagar para que el bien a la oscuridad haga parar.
-Eso es lo que se hallaba escrito en el Gran Pergamino del Oráculo-le dijo Apolo a Hera que le había reclamado en su castillo de Delfos.
-Deseo verlo-dijo Hera.
-No podéis. No puedo mostrárselo a nadie. Va en contra del orden divino algo que yo respeto.
-Necesito saber si es cierto que mi futuro nieto encerrará en el reino de Tártaro a mi esposo junto con su padre, su abuelo, su bisabuelo y el resto de almas perdidas y oscuras.
-Majestad, no podéis obligarme a hacer tal cosa. No tenéis derecho.
-¿Derecho? ¡Yo soy la reina de los dioses! ¡La madre de esta gran familia aunque se encuentre destruida en mil pedazos por miembros como vos! ¡Hijos bastardos de madres bastardas!
-¡No os consiento que me insultéis así en mi propia casa! ¡Os estoy dando la oportunidad que tenéis para salvar a vuestro esposo! ¿Acaso no os dais cuenta? Si el niño permanece en las sombras, en las sombras se quedará junto con su madre.
-Esa mujer es el problema.
-¿Pretendéis matarla, mi señora?  No podéis.
-No es la primera vez que lo hago. Aquí no hay nada más que parlamentar, hijastro. Se hará lo que yo ordene.
-No os debería haber dicho nada y mucho menos dar mi voto a favor para que Hefesto y Hécate fabricasen esa maldita espada.
-No os culpéis. Aquí todo hemos cometido errores. Yo permití que el diablo pusiese magia en tal objeto. ¡Hécate, la diosa de la magia! ¡Qué insensatez! ¿No contenemos los dioses la magia?
-Dejémonos de boberías, mi señora. Hécate es la diosa de la magia y no se debería hablar más de ello. Además, ¿es que no tenéis ya con el sufrimiento que le hicisteis pasar a la pobre diosa?
-¿Y ella? ¿No tenía ella suficiente con el sufrimiento que me hizo pasar a mi?
-La espada debería esconderse junto con su dueño actual. Excalibur tiene que ser alejado de vuestro nieto.
-¿Cómo? No existe profecía incierta y si lo que vos me habéis dicho es verdad, el chico hará todo lo que sea por conseguir la espada. Atravesará reinos, bosques, océanos y planetas si es necesario.
-¿Y Gea? ¿Vuestra abuela nos podría ayudar?
-Mi abuela ya tiene demasiados años. Se encuentra delirando en este mismo instante. El encarcelamiento de Urano y la maldición de Caos fue demasiado para ella. Además, fabricar un planeta hace falta más magia de la que vos creéis. Esto será lo que haremos. Lo primero será ocultar el Oráculo y no decirle absolutamente nada al rey. Después ocultaremos a mi hijo Excalibur en las Tierras Intercontinentales donde no hay templos por ahora. Y, por último, cuando el bebé nazca será desterrado junto con su madre.
-Majestad, desterrar al bebé hará que su progenitora se enfurezca con los dioses y hará todo lo posible por pedir explicaciones.
-Nosotros somos los dioses y nosotros hacemos lo que nos plazca siempre que se mantenga al línea del orden divino. Y si queremos guardar silencia pues que así sea.
-Son demasiadas lagunas. ¿Y el padre? ¿Creéis que el tampoco pedirá explicaciones? Más que la madre pues su esposa y su hijo serán desterrados.
-¿Han concebido ya al bebé?
-Esta noche, pero supongo que la madre no sabrá que está en cinta.
 -¿Y quién es la madre?
-No lo sé. Es esencial que averigüemos con quien ha pasado la noche vuestro hijo, mi señora.
-Sabéis que los dioses no tenemos permitido ir a los planetas. Debemos permanecer en nuestros hogares. Es la ley y es vital cumplirla.
-Creo que podéis permitiros el lujo de no preocuparos por eso, mi señora. ¿Quirón?
-¿Quirón? ¿Qué pasa con él?
-Podría ayudarnos. Es como un dios en los planetas.
-Es un centauro.
-Un centauro filósofo.
-Todos los centauros son iguales.
-No, este es especial. Quirón hizo entrar en razón a vuestro marido para que formase una constelación en honor a Orión.
-Tenéis razón pero Orión era hijo de Zeus. Él es tan sensible para unas cosas pero para otras no. No creo que Quirón sea capaz de convencer a Marlín.
-Intentémoslo. ¿Perdemos algo?
-Que mi marido se entere.
-Si mi padre se entera hemos de actuar muy rápido, mi señora. No deberíamos esperar nueve meses.
-El parto será en la isla de Creta y en él estará mi hija Ilitía, la diosa de los nacimientos.
-De acuerdo pero en cuanto el niño nazca, Excalibur será desterrado.
-¿Sabéis que Zeus se hará preguntas?
-Zeus no sabrá nada. Fingiremos la muerte de mi hijo si hace falta.
A la mañana siguiente, Quirón comenzó su viaje a Epix por orden de Hera y Apolo y a las cuatro noches ya se encontraba en dicho reino y pudo enterarse de que Marlín y la ninfa Atalanta se iban a comprometer ya que esta se hallaba en cinta. Pasó dos días más allí y después regresó a Delfos.
-¿Decís que se llama Atalanta?-Le preguntó Apolo a Quirón.
-Afirmativo-contestó Quirón.
-Entonces será Atalanta, la hija del gran poeta Eurípides. Al parecer el chico no ha escogido del todo mal.
-Me da igual que haya escogido bien-dijo Hera-. El problema es que Zeus no debe enterarse de la boda.
-Es su padre, se enterará tarde o temprano-dijo Apolo.
-Y vos, como diosa del matrimonio deberíais estar allí presente-dijo Quirón.
-¿Quién os ha dado permiso para hablar, centauro?-Dijo Hera furiosa-. ¡Retiraos!
-Sí, majestad.
Quirón se marchó y Apolo se quedó atónito.
-Nos ha librado de un buen problema, majestad-dijo Apolo.
-Al menos he sido suave con él.
-¿Qué hacemos ahora?
-Atalanta y Marlín viajarán a Paestum y se dirigirán a  mi templo para que proteja a su matrimonio y a su bebé. No puedo matar a ese bebé, al menos yo.
-¿Estáis insinuando que yo mismo le asesine?
-Es la única opción que nos queda. Con esa criaturita fuera del mapa todo será mejor. La maldición de Caos no volverá a afectar a mi familia.
-¿Y a vos? Os recuerdo que sois de la misma generación que mi padre.
-Cierto. 
Atalanta tuvo un embarazo sano y una boda preciosa. El problema fue cuando nació. En el Monte Olimpo, Zeus había convocado a los olímpicos la misma noche en la que la ninfa se encontraba dando a luz.
-¿Qué sucede?-Preguntó Atenea.
-¿Por qué se nos ha convocado?-Preguntó Artemisa.
-¡Entra!-Dijo Zeus furioso mirando a la puerta.
El dios de los muertos, Hades, entró en la sala.
-¿Qué hace él aquí?-Preguntó Deméter.
-Intentando mejorar este universo-respondió Hades-. Algo que tú no entiendes.
-¿Cómo te atreves a hablarme así?-Preguntó atónita y furiosamente Deméter-. ¿Es que ya no he tenido suficiente humillación tras el secuestro de Perséfone? Eres vil y malvado y no te mereces más que lo que tienes.
-¡Basta, hermana!-Ordenó Zeus-. Expón lo que posees.
Hades hizo una reverencia.
-¡Traedlo!-Ordenó Hades.
Un hombre de piel pálida, un muerto sirviente de Hades, trajo un pergamino que Apolo podía reconocer perfectamente pues él era su señor. El Oráculo acababa entrar con la predicción que acabaría con Zeus.
-¿Cómo osáis? ¡Eso es ilegal! ¡Padre! ¿Por qué vos no hacéis nada?-Dijo Apolo furioso.
-¿Y por qué vos no me habéis contado nada?-Preguntó Zeus decepcionado.
-Solo yo puedo ver las escrituras del Oráculo.
-Pero eso no te impide contar las predicciones y más si le conviene a tu señor.
-Yo soy el dios de esas profecías. Ese es mi trabajo.
-¿Pero qué dice ahora el Oráculo?-Preguntó Poseidón.
-Vamos, contádnoslo vos, Apolo-dijo Hades burlándose.
-¡No os atreváis a burlaros de ninguno de nosotros, Hades!-Dijo furiosa Hera.
-Mi hermana defendiendo a un bastardo, ¡cómo cambian los tiempos!-Dijo jactándose Hades.
-La profecía dice que el primogénito de mi hijo Marlín acabará conmigo como yo lo hice con mi padre y como mi padre lo hizo con mi abuelo.
-Pero, ¿qué tiene ese niño para derrotar al rey de los dioses? ¿Es que posee demasiada magia? ¿Es la reencarnación de Hécate?
-La profecía habla sobre ese niño que para derrotar al rey de los dioses deberá poseer a la espada que todos conocéis. Deberá poseer a Excalibur-dijo Hades.
-Eso es imposible-dijo Hefesto-. La espada se forjó para medidas desesperadas. Por eso se lo dimos al más responsable de todos los hermanos magos. Excalibur no puede ser tomada por un don nadie.
-¿Ese don nadie tendrá la suficiente fuerza como para derrotarme?-Preguntó Zeus a Apolo.
-Yo solo predigo las profecías. Predecir el futuro exacto no forma parte de mi poder o del Oráculo. Ya sabéis de quien hablo-dijo Apolo.
-Hermes-llamó Zeus a su hijo-. Avísalas. Que emprendan un viaje desde donde estén y que vengan al Monte Olimpo. Esas tres mujeres deben saber lo que sucederá.
-Pueden que parezcan tres ancianitas adorables pero sabéis que es más barato hacer un pacto con el diablo antes que hacerlo con alguna de ellas tres-dijo Atenea. Si queréis un consejo aceptadlo pero no lo tiréis a la basura.
-Necesito saber si ese niño acabará conmigo-dijo Zeus.
-¡No digáis sandeces!-Dijo Hera-. ¡Nadie puede acabar con vos! ¿No recordáis que acabaste con el titán del tiempo?
-No me vais a cambiar de parecer, esposa mía-dijo Zeus-. Id ya, Hermes.
-Por supuesto, majestad-dijo Hermes marchándose y haciendo una reverencia.
-Ahora, me gustaría saber…
-No os gustaría saber nada, Apolo-dijo Zeus-. Estoy meditando la posibilidad de que os eche de los olímpicos. Se acabó la reunión. ¡Marchaos!
-¿Y qué queréis que hagamos?-Preguntó Hera-. ¿Qué queréis que hagamos con la espada y con el muchacho? ¡Decidlo ya y no calléis!
-¡Os repito que os marchéis! ¡Ya! ¡Es una orden! ¡Todos!-Gritó Zeus enfadado.
Hermes no solo fue a avisar a las Parcas sino que antes hizo una parada en Epix para hablar con su hermana pequeña. Morgana salió encapuchada del castillo y se adentró en el Bosque Sagrado.
-No deberíais salir de las sombras-dijo Morgana a Hermes-. Ambos quieren acabar con todo esto saliendo ganando y si vos seguís con vuestra actuación os lo agradecerán maravillosamente. Sois prácticamente el único dios que se le permite bajar a los planetas de Gea y estáis en el bando de Caos. Si seguimos así de bien ellos ganaran y conseguiremos lo que deseamos.
-Recordad que son nuestros padres, hermana-dijo Hermes.
-Y recordad vos lo que les harán a ellos y a nosotros si fallamos. Explicadme lo sucedido en la reunión.
-Hades ha robado el Oráculo y se lo ha mostrado a Zeus. Han descubierto la profecía del recién nacido y no saben lo que hacer.
-Si han descubierto la profecía de mi sobrino sabrán lo de la espada, ¿no?
-En efecto.
-La espada es propiedad de Hefesto y de Hécate. Si ambos están de acuerdo en no arrebatársela a Excalibur entonces poco se podrá hacer. Debemos estar en el lado de aquellos dos.
-¿Es necesario recordaros que Hécate fue “destruida” hace ya más de un milenio?
-La magia es como la energía. Nunca desaparece solo se transforma.
-He de marcharme ya. Padre está inquieto. Tengo que llamar a las Parcas.
-¿A las Parcas? ¿Desde cuándo se ha vuelto un insensato nuestro padre?
-No sabe que predecir el futuro exacto es una magia que se halla muy lejana a la nuestra.
-Sí lo sabe pero no lo quiere creer porque él es el gran dios de todo-dijo irónicamente Morgana-. Ahora ve y yo me encargaré de mi hermano, de mi cuñada y de mi nuevo sobrinito.
-Morgana, no seas tan inflexible-dijo Hermes-. Lo están pasando muy mal allí arriba.
-Ellos no se han molestado por mí, ¿por qué debería molestarme yo por ellos?




No hay comentarios:

Publicar un comentario